Esta semana he tenido el gustazo de asistir a mi primer breakout, encuentro de profesionales lejos de su lugar de trabajo para debatir y twitear conclusiones. En #breakoutbeceite había que hablar del turismo 2.0 y nos sentaron en torno al hogar del hotel con encanto La Fábrica de Solfa, de Beceite (Teruel), a profesionales del turismo, internet, prensa y comunicación en general.
Surgieron conclusiones interesantes como que internet permite la democratización del turismo gracias sobre todo a la libertad de opinión en la red. Además, los pequeños hoteleros pueden ahora darse a conocer como los más grandes gracias a foros, blogs y otras webs, pero sobre todo con la complicidad de la voz de sus usuarios agradecidos esparcida por los tripadvisors, los minube, los booking, etc.
Y el periodista, ¿ahora qué? Por que antes bien que podía participar en pesebres todo incluido para degustar viajes de ensueño y luego explicar las excelencias del destino sin atisbo de crítica. Pero esto se acabó. Las grandes compañías aéreas, las enormes cadenas de hoteles y hasta los pequeños hoteles se han dado cuenta de que la opinión del usuario particular o la del bloguero apasionado es más creíbles.
¿Hasta cuando? Pues hasta que, como ha ocurrido en otros sectores, la avispada (por los aguijonazos) industria también fagotice a los casi profesionales del blog de viajes con obsequios como periplos de lujo y ensueño con todo pagado.
Pero al que no podrán comprar, mal que les pese, es al usuario de a pie, al que, encima, tendrán que dar mejor servicio si realmente desean que su nombre se expanda con honores por los confines de la red. Es lo que tiene la democratización. Afortunadamente.
